Una práctica agrícola con varias generaciones de antigüedad podría haber retirado de la atmósfera mucho más CO₂ de lo que se pensaba.
En la cuenca del Mississippi, los agricultores llevan mucho tiempo esparciendo caliza triturada sobre sus campos. Esta operación, llamada encalado, reduce la acidez del suelo. Así, permite mantener condiciones más favorables para los cultivos. Sin embargo, hasta ahora su balance climático se contabilizaba generalmente en sentido negativo: la caliza contiene carbono y puede liberar CO₂.

Actividad de encalado.
Imagen de Wikimedia
Un equipo dirigido por la Universidad de Yale retomó el problema estudiando más de 120 años de datos. Su resultado lo cambia todo. A largo plazo, el encalado habría retirado más CO₂ de la atmósfera del que habría liberado en esta extensa región agrícola.
Para comprender este resultado, hay que seguir lo que le ocurre a la caliza en el suelo. Al reaccionar con el agua y el CO₂, la roca puede formar bicarbonatos. Estas sustancias disueltas circulan después por el suelo, las aguas subterráneas y los ríos. Una parte termina en el océano, donde el carbono asociado puede permanecer almacenado durante mucho tiempo.
El cálculo cambia sobre todo cuando uno se pregunta qué habría ocurrido sin caliza. Los fertilizantes y ciertos tipos de contaminación vuelven los suelos más ácidos. Sin encalado, esta acidez habría desencadenado reacciones capaces de liberar CO₂. Por ello, los investigadores compararon ambas situaciones.
El resultado dista mucho de ser insignificante. Desde 1900, el encalado de las tierras agrícolas de la cuenca del Mississippi habría retirado entre 300 y 400 millones de toneladas de CO₂. Esta estimación abarca una región inmensa, que reúne una gran parte de las tierras cultivadas de Estados Unidos.
El balance depende del grado de acidez del suelo, de su composición y de la circulación del agua. Al principio también puede liberarse parte del CO₂, antes de que el balance se vuelva favorable con el tiempo.
Este descubrimiento podría modificar la manera de contabilizar las emisiones agrícolas. Los métodos habituales suelen considerar el encalado como una fuente de CO₂. Ahora, los investigadores proponen tener en cuenta las reacciones que ocurrirían incluso sin esta práctica y el carbono transportado en forma disuelta.
El siguiente paso será determinar dónde esta práctica ofrece realmente un beneficio climático. Los resultados obtenidos en la cuenca del Mississippi no pueden aplicarse directamente a todas las regiones agrícolas. Antes de estimar su potencial en otros lugares, serán necesarias mediciones locales del suelo y del agua.